¿Qué hacer con la renta básica universal?
Desde principios de los años 80, la idea de una renta básica ha seducido enormemente al espectro político de la izquierda. En treinta años, esta reinvindicación ha ganado popularidad; no solamente ha encontrado apoyos entre figuras tales como Philippe Van Parijs, Ignacio Ramonet, André Gorz, José Bové o Toni Negri, sino que también ha generado un inmenso arsenal de sitios web, redes y colectivos de apoyo y difusión. Después de haber sido objeto recientemente de un referéndum en Suiza e incluso de un dossier de Le Monde diplomatique, la idea ha pasado a primer plano tras la crisis económica.
“El capital en el siglo XXI” es una obra contemporánea magistral e imprescindible. El autor ofrece una gran cantidad de información fundamental sobre la historia del capitalismo, sobre todo acerca de la desigualdad en el ingreso y el patrimonio. Aboga por una ciencia humana global, que incorpore la economía, la sociología, las ciencias políticas, la historia... Está a favor de una mayor transparencia en las estadísticas. En todo esto, lo apoyamos plenamente. Pero a pesar del apoyo de todos estos datos, y del análisis de esta tendencia subyacente de aumentar la desigualdad, Thomas Piketty cree que es posible reformar el capitalismo. No estamos de acuerdo. Creemos, por el contrario, que las fuerzas patronales son irreductibles, y, mientras existan, esta tendencia continuará sin cesar.
Desde 1945 hasta 1997 Hong Kong fue oficialmente una colonia británica y sus dirigentes eran elegidos en Londres. Tras la transferencia a China, se mantiene bajo la divisa "un país dos sistemas", estando su economía y gobierno bajo las leyes del libre mercado. Las elecciones por sufragio universal en 2017, son el detonante de movilizaciones estudiantiles. Los candidatos, hoy elegidos por un grupo de más 1.100 representantes de la sociedad hongkonesa. El Movimiento "Occupy Central" exige poder elegir candidatos. Pero, ¿qué luchas reales hay tras la apariencia?
A principios de agosto de 2013, el Ministerio de Defensa francés presentaba la tercera versión del documento Horizontes estratégicos. El objeto del estudio era el siguiente: “Partiendo de un análisis de las tendencias globales de la evolución del contexto estratégico […] identificar sus consecuencias sobre el posicionamiento de Francia en el sistema internacional durante las tres próximas décadas.”[^1]
Ahora que se anuncia su desaparición merece la pena reflexionar sobre el camino recorrido por L'Unità. Las concepciones reformistas que se promocionó desde los años setenta y que tras las derrotas del socialismo se convirtieron en abiertamente liquidacionistas, conducirían, en manos de líderes sin principios como Ochetto, D'Alema y otros, a la dolorosa disolución del partido fundado por Gramsci y Togliatti. Degradándose paso a paso, el abandono de las tesis centrales del movimiento comunista internacional, cediendo terreno para ser aceptable por las grandes empresas, el PCI, que fue uno de los partidos obreros más importantes de Europa, con fuertes raíces populares y con una expresión electoral que superó del 30% de los votos, se convirtió sucesivamente en el PDS, la DS y finalmente el actual Partido Demócrata
El 1º de agosto, Alemania y Francia se movilizaron. Para los socialistas alemanes, la acción revolucionaria estaba fuera de cuestión: el 4 de agosto, votaron los presupuestos de guerra. Los socialistas franceses invocaron este desarrollo para colocarse a su vez detrás de su gobierno. Del mismo modo, los socialistas belgas, dirigidos por Vandervelde, votaron a favor de los créditos de guerra. Sólo los bolcheviques rusos, socialdemócratas húngaros, búlgaros e italianos y el Partido Socialista de los Estados Unidos, se aferraron a las resoluciones contra la guerra. Convocaron una conferencia por separado en la ciudad suiza de Zimmerwald. La Internacional había muerto.
Revista 'O Militante'
La política europea es lógica cuando vemos las cosas desde el punto de vista de las multinacionales. Éstas quieren conquistar los principales mercados extranjeros, especialmente el de los países emergentes. La demanda en el mercado interno es la menor de sus preocupaciones. Los salarios son vistos principalmente como un costo que debe reducirse siempre que sea posible y los planes de austeridad sirven para eso. No tienen otros motivos subyacentes y eso explica igualmente la intransigencia de las instituciones europeas.
Autor: Anne Lacroix-Riz*